Puedes ser mayor de edad pero discernir o proceder cual un menor de edad; puedes ser adolescente -embarazada y afrontar tu maternidad con la responsabilidad y madurez suficiente de una mayor de edad.

                Ricardo Ayala G.

 

 

 

Lima Medina es el nombre de la niña – madre mas joven del planeta quien, a sus 5 años fue traída desde su lejano Antacancha (Huancavelica, Departamento de Perú) a la Maternidad de Lima donde el 14 de mayo del 1939 fue intervenida por cesárea y trajo al mundo un bebé de dos kilos 700 gramos, caso que la prensa de todas latitudes ventiló por años y que en los 60 era materia de recordación y asombro en las tertulias de nuestros mayores, acaso sin saberlo lo acuñaban en nuestros recuerdos como para alertarnos de realidades como ésta.

 

 

 

Lejos estaríamos entonces de imaginar que hoy en Perú, cada año 115,000 nuevas  adolescentes se embarazan, parafraseando a estudiosa del tema “porque le dió las ganas, el deseo, la curiosidad” o fue víctima de violencia sexual forman el 25% del total de embarazadas que a las adultas disputan turno en los establecimientos de salud para controlar  su embarazo o atender su parto.

 

 

El presente artículo no promueve el embarazo de las adolescentes en contrario, se aúna al intercambio de opiniones y reflexiones en colación a una alarmante creciente realidad y lo mucho que nos toca por hacer desde nuestros hogares, escuelas, instituciones públicas como organizaciones privadas para  procurar revertir  las crecientes cifras.

 

 

Cierto es que, cuesta aceptar a los padres y madres como al grueso que nuestras adolescentes hijas-entre 11 y 19 años- nos den la noticia de su embarazo cuando las hacemos aún salientes de la niñez en la escuelas; las reacciones y respuestas no siempre serán iguales,  serán acordes al mejor o escaso conocimiento e interés que posean al respecto.

 

 

Unas(os) aceptan con digna hidalguía o resignación la realidad, pero en uno u otro caso, dándoles su total apoyo.

 

 

Otros padres, prescinden de cuanto piensen u opinen las madres adolescentes, intentan solucionar reconociendo como hijos suyos a sus nietos, sin saber acaso que su conducta los expone a afrontar  denuncias por  presunto delitos contra la familia y la fé pública.

 

 

Un alarmante significativo número, especialmente donde la comunicación es marginal o escasa, ante el temor de una peor reacción por parte de sus progenitores, esconden su embarazo, se someten a abortos o prefieren huir, procurando ponerse a salvo así acaso de algún antelado aviso que se desatenderían de ellas, o mellarían mas su autoestima sino arrojadas de sus casas, muchas perecen en el intento física o moralmente, o pierden el útero claudicando tempranamente a la maternidad o son víctimas de sujetos inescrupulosos en su altamente riesgosa e incierta búsqueda de refugio y de su futuro como el de su hijo o hija nacida o por nacer .

 

 

 

La cita me trae al recuerdo a mi buena y siempre entrañable amiga, Obstetriz Flor Valencia, quien a inicios del 2000, en su desempeño como Coordinadora de Psicoprofilaxia del Instituto Materno Perinatal desarrollaba un encomiable trabajo con adolescentes madres en riesgo (conformado por niñas y adolescentes de la calle, desamparadas, metidas en drogas, prostitución, etc.) quien ingresando a la Oficina, me pidió orientar legalmente a su abrazada acompañante, una guapa gestante de 14 años que, a la vez, traía de la mano a su pequeño hermanito de no mas de 8 años con el que compartía el desamparo en casas inciertas al cual los tenían abandonados sus separados padres avocados a atender sus respectivas nuevas familias; ella sabía quien era el padre del hijo que esperaba y justamente por saber quien era, no quería que fuera él quien lo reconozca como tal por lo que, subsistiendo de la “prostitución blanca” así gustaba llamar su oficio dirigido a cierta élite estaba avocada a elegir el mejor candidato que reconozca como suyo al hijo que esperaba, entre los cuales, manifestaba, ya tenía varios de diversa edad que le habían ofrecido asumir  dicho rol.    

 

 

Ambas trajeron a la vez al recuerdo también el testimonio vertido en una reunión por otra madre adolescente de 14años reclamando “…que la mayor indignación que siente es que en la calle nos tratan como si fuera una mujer fácil y eso no es así…”

 

 

 

Por entonces la Ley, a las madres solteras les permitía inscribir a su recién nacido hijo o hija con los apellidos del padre sólo si él decidía acompañarla para reconocerlo como tal, caso contrario, ella podía inscribir a su hijo o hija sólo con sus apellidos, opción a la cual muchas se resistían pues, -sostenían : “ al leer nuestro documentos de identidad dirán que somos hermanos”… y, esperando hasta que al padre tuviera el tiempo o voluntad y se anime a reconocerlo, un grueso número de niños y niñas crecieron por años sin ser inscritos.

 

 

Hoy, la Ley ha variado en parte, permitiendo a la madre soltera inscribir a su hijo con el nombre del apellido del padre siempre bajo la presunción de veracidad de la madre cuya declaración  da inicio a un procedimiento por el cual se presume padre al declarado salvo que notificado por el registrador éste se oponga dentro del plazo establecido por Ley.

 

 

Subsiste el derecho de la madre que ella sola pueda reconocer con sus apellidos a su recién nacido(a) hijo o hija.

 

 

De este derecho -en Perú, desde el año 1984 en que entró en vigencia el Código Civil-, gozan las madres adolescentes conforme a lo dispuesto en sus artículos  43º y 46º.

 

 

Siendo que a los 18 años se adquiere la mayoría de edad y con ello el goce pleno de nuestras capacidades, por el artículo 43º se establece que las adolescente menores de 16 años adquieren capacidad de ejercicio sólo para determinados actos determinados por la ley.

 

 

Sin embargo, este mismo artículo 46º establece que la persona también adquiere la plenitud de sus capacidades si es mayor de 16 años y se casa –por civil- u obtiene título oficial que le autorice para ejercer una profesión u oficio. 

 

 

Precisa que la capacidad adquirida por matrimonio no se pierde por la terminación de a los éste, lo cual en razón de nuestra realidad, podría ocurrir a los pocos meses.

 

 

Dicho artículo también establece que, a diferencia de la plenitud de sus capacidades que adquieren las casadas mayores de 16 años,  las madres adolescentes solteras mayores de 14 años con el nacimiento de su hijo o hija adquieren total capacidad de ejercicio SOLO para :

 

  1. Reconocerlos,
  2. Demandar por gastos de embarazo y parto; -y desde el 29 de octubre del 2008 en que se  publicó la Ley Nº 29274 también les permite directamente :-
  3. Participar en los procesos (judiciales) de filiación, tenencia y alimentos a favor de ellos, ahora, pueden exigir el reconocimiento de sus hijos por la vía judicial.

 

 

Como se aprecia las demás obligaciones y derechos siguen resultando irrenunciables a nuestro respectivo rol de padres, educadores, comunicadores sociales, autoridades, funcionarios, servidores públicos o profesionales de la salud a quienes a la vez nos toca también conocer, difundir, respetar y hacer respetar los antes referidos derechos de las madres adolescentes.

 

 

En consecuencia, ni podemos imponerles a sus hijos paternidades que no les corresponden realmente, ni arrojarlas de casa, ni sustraernos de las obligaciones alimenticias para con nuestras hijas madres adolescentes que, contra lo que suele creerse, no solo comprende comida, sino vivienda, educación, salud, recreación, vestido; ni desheredarlas, ni ser excluída o darle un trato diferenciado en los colegios, ni quitarles sino en contrario, fortalecer nuestro afecto, orientación y protección.

 

 

A ella le tocará hacer lo propio para reclamar los derechos de su menor hijo o hija.

 

En este sentido, la madre adolescente, mayor de 14 años, tiene plenitud para ser ella quien dé los datos de los verdaderos progenitores al profesional de la salud que expide el certificado de nacimiento de su hijo o hija, como a ser quien directamente demande  judicialmente al padre de su hijo o hija, y en caso de negativa o renuencia a sus familiares, por gastos de embarazo y parto, alimentos, tenencia y filiación acogiéndose al procedimiento de filiación extramatrimonial abreviado previsto en la Ley 28457, materias que abordaremos en nuestras siguientes entregas.

Acaso lo ideal es que la maternidad concurriera cuando menos con la mayoría de edad.

 

 

Pero, si la maternidad ocurrió en la plenitud de la adolescencia, a pesar del trastocamiento  familiar y personal que ello pueda significar en sus planes o en los que para ella hubiéramos previsto los progenitores, lo mejor es acogerlas, brindándoles el mayor apoyo posible, fortaleciendo de la mejor forma posible su autoestima como el mejor conocimiento de sus derechos frente a los progenitores, sus familiares, sus educadores, el entorno en general y por supuesto en sus nuevas obligaciones y responsabilidades como madre, sublime y divino rol que no tiene porque ser un freno en su realización sino en contrario la mas poderosa de las razones para concretar las aspiraciones personales. 

 

 

Ricardo Ayala Gordillo

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Lima, 21 de Abril del 2013

Gracias por tu preferencia. RICARDO PERCY AYALA GORDILLO ABOGADO RPM 985 483 172 RPC 994 948 189 Email: asesoriadefensa02@gmail.com Estudio Jr. Moquegua 157 Oficina 201 Cercado de Lima - Peru (Atención previa cita confirmada telefónicamente)

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